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orfeo ed euridice


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El mundo de los muertos

miércoles, 12 de mayo de 2010

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Lugar de tormento en el que los malos son castigados por sus delitos; que así suceda es una cosa tan natural que la existencia de este lugar es de fe en todas las religiones. En la Mitología se dice ser un antro subterráneo al que van las almas para ser juzgadas por tres jueces, que son Minos, Eaco y Radamanto, y en que impera Plutón como dios y como rey. Estaba dividido en varias partes, una de ellas espantosa, en que había un río de fuego, lagunas de aguas venenosas, hornos candentes y monstruos; otra parte era sosegada y apacible, y estaba destinada a lugar de descanso de los justos, llamada Campos Elíseos, como la primera se denominaba Tártaro. En el centro de éste había un lugar encerrado en una triple muralla de bronce y de grande profundidad. Para llegar a aquellos parajes era necesario atravesar a Caronte, hijo de Érebo y Nix, el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río.
Hay allí varios castigos de que os he hablado ya, que por recaer en criminales que son personajes históricos han adquirido renombre. Es uno de éstos Prometeo; atado por Júpiter a una roca, no puede defenderse de los ataques de un águila feroz que le despedaza y devora las entrañas. Fue este castigo debido, según la versión más conocida, a que Prometeo, que era por lo visto un hábil estatuario, formó con barro una hermosísima mujer, que llamó Pandora; mas como le faltaba la vida que él no podía darle, subió al Olimpo y robó uno de los rayos del sol con que la animó. Los dioses de aquel cielo ridículo dieron en castigo a Pandora una caja que contenía todos los males que desde entonces afligen el mundo, y Júpiter infligió a Prometeo el horrible tormento mencionado. Para no dejaros bajo la triste impresión que causa sólo imaginar cosa tan terrible, os diré que vino el celebérrimo Hércules, mató al águila y salvó a Prometeo.
Allí están las Danaides, que son cincuenta hermanas, hijas de Dánao, rey de Argos, condenadas a estar llenando incesantemente de agua una cuba desfondada, que por consiguiente no se llena nunca. Un hermano de su padre, llamado Egipto, le usurpó su reino y quiso casar a cincuenta hijos que tenía con sus primas; pero Dánao, resentido, dio a cada una de sus hijas un puñal para que después del casamiento matasen a sus maridos, lo que hicieron, sufriendo después el merecido castigo.
Conocido es igualmente el infligido a Sísifo, que consistía en subir por una cuesta una roca enorme, la que al llegar a la cumbre volvía por su propio peso a rodar abajo. Era Sísifo un rey bueno y muy sabio que reinó en Corinto: se dice de él que encadenó la muerte, para significar que amó mucho la paz y no tuvo nunca guerra con sus vecinos; con su mucha ciencia alcanzó a saber los secretos de los dioses, que reveló a Esopo, por lo que fue castigado.
En una fresca laguna se ve allí a Tántalo, sobre cuya cabeza cuelgan ramas de árboles, cuajados de hermosas frutas, mientras él sufre los tormentos de la sed y del hambre sin poderlos saciar, porque al acercar sus labios al agua ésta se retira y al querer asir las frutas éstas se alzan fuera de su alcance. Tántalo era rey de Lidia, y son varias las causas a que atribuyen el castigo que sufre. La más aceptada es la que refiere Píndaro, de haber robado a los dioses la ambrosía, que era su comida, así como era el néctar su bebida. Era aquélla un manjar exquisito cuya fragancia embalsamaba el Olimpo, mantenía la salud, conservaba la juventud y procuraba la inmortalidad. Dícese que de una de las astas de Amaltea surgía ésta, y de la otra asta brotaba el néctar.
Estos castigos significan: el de Tántalo la nunca satisfecha ansia de la ambición; el de Prometeo, cuyas entrañas sin cesar se renuevan y despedaza un águila, los remordimientos; el de las Danaides un intento tenaz y sin éxito posible; el de Sísifo los descabellados planes y sistemas de los ideólogos, sin aplicación ni éxito.

El inframundo tambien es testigo de amores destrozados por la muerte. Uno de ellos es el de Orfeo y Euridice, En la mitología griega, Orfeo (hijo de Caliope y Apolo) fue bendecido con los dones de la Música y la Poesía. Cuando tocaba su lira las gentes y los dioses le escuchaban, ya que sus cantos eran increiblemente bellos.
Orfeo y Eurídice (una ninfa) se enamoraron, pero su destino se estropeó cuando raptaron a la ninfa y mientras ella huía una víbora la mordió y Eurídice murió.
La pena por la muerte de su amada provocó en Orfeo unos sentimientos tan lastimosos, que cuando tocaba su lira todos lloroban y hasta los dioses se compadecieron de su suerte.
Su desesperación es tal, que decide bajar al mundo de los muertos a intentar recuperar a Eurídice. Cuando llegó ante Caronte, el barquero, Orfeo le pidió que le llevase a la orilla de los muertos, pero el barquero se negó a lo que le pedía. Pero Orfeo con su música le convenció. Fue capaz hasta de que el terrible Can Cervero le abriera las puertas que guardaba.
Cuando se presentó ante Hades y Proserpina tocando su lira para recuperar a su amada, estos se enternecieron y le dejaron que se llevara a Eurídice, pero con una sola condición: no mirarla hasta que no estuvieran fuera del infierno.
Orfeo fue delante de Eurídice durante todo el camino, cuando ya habían cruzado la laguna y casi habían llegado a las puertas, Orfeo no pudo resistirse y la miró. Ella se desvaneció y volvió al mundo de los muertos para siempre. Otro romance es el de Psique, que al darse cuenta del daño que habia echo a su amado Cupido, ruega a Afrodita que le devuelva el amor de Cupido, pero la diosa, rencorosa, le ordena realizar cuatro tareas, casi imposibles para un mortal. Cupido deprimido y enfermo como resultado de la infidelidad de Psique, había provocado que perdiese parte de su belleza. Psique tenía que ir al Hades y pedir a Perséfone, la reina del inframundo, un poco de su belleza que Psique guardaría en una caja negra que Afrodita le dio. Una voz la detuvo en el último momento y le indicó una ruta que le permitiría entrar y regresar aún con vida. Psique apaciguó a Cerbero con un pastel de cebada y pagó a Caronte un óbolo para que le llevase al Hades. En el camino, vio manos que salían del agua. Una vez más pagó a Caronte y le dio el otro pastel a Cerbero para volver.
Psique abandonó el inframundo y decidió abrir la caja y tomar un poco de la belleza para sí misma, pensando que si hacia esto Cupido le amaría con toda seguridad. Dentro estaba un sueño que la sorprendió y la durmio.

Publicado por Unojoenmisopa en 0:19  

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